Lo positivo de este hotel es su ubicación, en pleno casco viejo, cerca de todo lo que merece la pena ver. Y, por supuesto, que el propio establecimiento es el monumento símbolo de la ciudad. Lo negativo es todo lo demás, partiendo de la base de que un hotel de 750 euros la noche debería ser perfecto, y este dista de serlo: cuarto de baño de tamaño ridículo (menos de 4 m2), mal servicio de recogida de equipajes, desayuno mediocre y poco variado y, en definitiva, una sensación de que estás pagando más del doble de lo que te están ofreciendo a cambio. No es en absoluto un servicio y una comodidad de 5 estrellas y mucho menos el propio de un hotel de lujo.